You say «tomato», I say «type»

You say «tomato», I say «type»

¿Es lo mismo vender tipos que vender tomates? ¿Hay similitudes entre un agricultor y un tipógrafo? ¿Es comparable el mercado hortofrutícola y el mercado tipográfico? Ni idea.

La cosa es que en estos últimos días he leído un par de artículos que se están mezclando en mi cabeza. No sé si esto es como el alcohol y mezclar que no es recomendable, pero mi cabeza trata de establecer relaciones entre estos dos artículos.

El primero está publicado en el número de mayo de la revista Yorokobu de este año y creo que no está online. En él se habla de cómo está cambiando y evolucionando el mercado del tomate y la naranja en España. Los abusos de los intermediarios han llevado a que, gracias a las nuevas tecnologías, sean los propios agricultores en algunos casos los que empiecen a distribuir directamente sus productos. Se analizan en el artículo los casos concretos de un productor de tomates almeriense y el de un productor de naranjas valenciano ¿El consumidor? Algunas veces es consciente de lo que está pasando, pero en la mayoría de las ocasiones la comodidad que le ofrece el intermediario supera todo lo demás.

El segundo artículo es este que publica typographica.org y analiza el paso que supondrá el nuevo sistema de distribución de tipografías de Typekit: al suscribirte a la nueva CC de Adobe podrás usar un catálogo de tipografías de Typekit sin tener que pagar más por las licencias de dichas tipografías. También tendrás acceso a estas tipografías de escritorio con la suscripción a algunos planes concretos de Typekit sin tener que ser suscriptor de la CC de Adobe. Este modelo se iniciará con unas 175 familias tipográficas de 7 fundiciones. Sin bien esto es lo que hacía Typekit para las webfonts, la novedad ahora es hacerlo para las desktop fonts. Podrás usar esas tipos incluso en apps que no sean las de Adobe. No solo es Adobe quien está virando hacia ese lado. Fonts.com con Skyfonts está viendo en el modelo de suscripción una alternativa rentable frente al modelo tradicional de licencias. Por otro lado, es un paso que ya estamos viendo en otras industrias. La industria musical va girando aunque lentamente y con resistencia hacia este modelo de suscripción. Podemos ver a Spotify como paralelismo de lo que será tener Typekit integrado en la suscripción de Adobe para las desktop fonts.

En el fondo parece que ambos mundos, mundo agricultor y mundo tipográfico, tienden a modelos opuestos. Si bien el primero opta porque el consumidor acuda directamente al productor y que se ahorre así costes de intermediarios; el mercado tipográfico avanza hacia el monopolio de uno o dos canales de distribución que llevan al consumidor «el producto a casa».

Los pros y contras de ambos sistemas son claros. Quizá el problema de esta comparación sea que un tomate no es una tipografía. Me explico: una de las razones que aducen los agricultores a la hora de apoyar un sistema libre de intermediarios es el de asegurar la calidad del producto. Un tomate comprado directamente al agricultor parece ser un mejor tomate que uno comprado al final de una cadena internacional de distribución. El tomate es un producto perecedero y los tiempos de maduración, ya sean en el huerto o en cámaras frigoríficas, hacen diferir la calidad del producto final. Esto no sucede con una tipografía. El archivo digital (la fuente) que uno adquiere es el mismo lo adquiera al tipógrafo o se suscriba a un plan.

Por tanto, si hay un perjuicio en este nuevo modelo de distribución de tipografías no es para el consumidor sino para la propia industria tipográfica. Por lo menos a largo plazo. ¿Por qué? Porque es natural pensar, que si el sistema de suscripción de Adobe o de Monotype funciona y el usuario empieza a entenderlo como la forma natural de usar tipografías, el sistema mejore, crezca y se convierta en monopolio. Cuando esto suceda ¿Qué le impedirá entonces a Adobe apretar los márgenes de beneficio de la distribución? ¿Qué impedirá entonces que el «agricultor tipográfico» sienta la misma soga al cuello que ahora siente el agricultor de tomates? ¿Recorrerán, entonces, el camino inverso? Porque no nos quepa duda de que esa situación se dará. La tipografía en las aplicaciones de diseño será como lo son ahora las librerías Pantone. Adobe paga a Pantone por que en sus apps estén las librerías de sus colores y de este modo el usuario final pueda usarlas. No concebimos el que tuviéramos que pagar una licencia por usar el Pantone 346 C si en un proyecto fuera el color escogido. De igual modo, si este es el camino que elige la industria tipográfica, no concebiremos pagar por usar Liza o Carmen o Helvetica. Simplemente la escogeremos de nuestra librería, de nuestra «pantonera». Y, ojo, la que no esté en esa librería no será escogida.

¿Soluciones? No las tengo. Pero si fueran mis tipos las que estuvieran en juego no entrarían en el modelo de Adobe. Está claro que el mercado tipográfico necesita transformarse, pero no creo que esta nueva vía sea la que mejor vaya a funcionar para la industria. Yo apostaría por vender las tipos como tomates. Apoyar a tipógrafos que hacen un excelente trabajo tipográfico y de marketing. Tipógrafos que otorgan un valor añadido a sus tipos y no un «precio añadido». Apoyaría el valor de que usar una tipo no es sólo escogerla de «una pantonera» si no que es ser parte de la experiencia que propone su creador al concebirla. Cuando adquieres una licencia de Valentina o de Bariol y las usas en tus proyectos eres parte de algo más que de la elección de una tipografía. Eres parte de la experiencia que te propone Pedro Arilla o Atipo. Eres parte de una filosofía de vida, de una manera de hacer las cosas. De algo que se parece más a comprarle al agricultor que a ir a Mercadona.

Autor

Diseñador gráfico freelance especializado en imagen corporativa, tipografía y naming. Ha sido organizador de WordCamp Sevilla, SevillaTipo y Entretipos.

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4 comentarios

  • Responder mayo 13, 2013

    Octavio

    Buenas, buen post.
    Adobe siempre ha jugado con ases en la manga, esta no es la primera vez. En su batalla con Macromedia tenía el Photoshop como carta ganadora y en su batalla por la “supremacía tipográfica” tiene el Creative Suite como seguro (tampoco es que sean unos malvados a los que les han regalado nada, se lo han currado ellos). Empresas como Extensis, Linotype o Monotype lo tienen negrito negrito, salvo que empiecen a crear licencias y familias exclusivas.

    En un futuro cercanisimo la unica forma de acceder al CS sera a traves de suscripción y de la nube, con lo que el software ni estará instalado en el ordenador. La diferencia entre los pagos por el CS y la suscripción al catalogo de Typekit será ridícula así que es el futuro, de eso estoy muy seguro.

    Ahora bien, la perspectiva para los diseñadores de tipos no es tan nefasta puesto que parece ser que el pago será por USO no por descarga. Se cobrará menos pero se pagará más veces. Y puesto que con la nube preveo que se acabará con la piratería o al menos con la piratería a gran escala en breve no habrá otra alternativa: todos a pagar por todo, lo cual en realidad es una gran noticia.

    En cualquier caso no será la única via valida. Una de las grandes cosas que tiene el binomio tipografía-internet es que garantiza una cosa: si tienes talento sobrevivirás. Hoefler & FJ vende sus familias de manera exclusiva y en su empresa trabajan 14 personas con sueldos de NY (calculen el bruto mensual), House más de lo mismo, etc etc.

    Buen post.

    PS: una nota, en este blog siempre que habláis de nuevos modelos, paradigmas y demás da la impresión de que pensáis en el diseñador aislado detrás de la mesa que trabaja en sus tipos el fin de semana. Las mejores tipos del mundo salvo honrosas (y contadas) excepciones son creadas por estructuras tipográficas, profesionales, relativamente amplias y cuya dedicación principal son las tipografias a medida y las tipografías comerciales, no por individuos aislados. Si queremos una cultura tipografica fuerte en este país hemos de fijarnos en eso y crear estructuras y modelos que nos lleven a eso, no al aislamiento de los profesionales. Pensad siempre en esas estructuras cuando queráis extrapolar los modelos y veréis que las cosas se vuelven complejísimas.

  • Responder mayo 13, 2013

    Marta Armada

    Creo que la comparación entre la distribución de tomates/tipografías tiene un gran fallo de base. El consumidor va a comprar tomates siempre, de una forma o de otra; en cambio, los diseñadores de tipos tienen dos alternativas: la distribuidora, o la (casi) nada.

    Es cierto que Adobe parte desde una posición muy ventajosa, y que el riesgo de un monopolio tipográfico es real, e inquietante. Pero la verdad es que el modelo de suscripción, y de licencia por uso, se ha estado probando en la web con muy buenos resultados (no es casualidad que la tipografía se haya puesto “de moda” justo cuando se ha empezado a poder utilizar con fiabilidad en la web). Los diseñadores y distribuidoras han encontrado un modelo de negocio que funciona mejor para todos: el usuario paga menos por cada fuente, el diseñador cobra más por ellas, el distribuidor tiene grandes beneficios por ello.

    Como muy bien ha dicho Octavio, quien no quiera jugar al juego de Adobe tendrá que ofrecer un producto diferente, o mejor, o más barato, o más exclusivo. No difiere mucho de lo que han tenido que hacer hasta ahora ;-)

  • Responder mayo 13, 2013

    omixamáximo

    @Octavio Totalmente de acuerdo con tu “PS” Es cierto que siempre caemos en el estereotipo del diseñador de tipos como una especie de “científico loco” y no pensamos en ellos como en un laboratorio con numerosos profesionales. Sería interesante tener una visión más detallada de cómo trabajan en sitios como H & FJ para abrir un poco nuestra visión.

  • Responder mayo 13, 2013

    omixamáximo

    @Marta Yo lo que no entiendo es esa comparación que haces entre “cosumidor de tomates” y “diseñador de tipos”. El consumidor de tomates consumirá tomates siempre del mismo modo que el “consumidor de tipos” (quien las usa) lo hará siempre. La clave está en cómo accedan al consumo.

    No creo que el diseñador de tipos tenga que escoger entre la distribuidora y la (casi) nada. Y menos cuando “casi” son los números de Valentina, por ejemplo. De todas maneras, parece que la dicotomía será: distribuidora (particular o no) Vs. Modelos de suscripción. Pienso que a la larga la suscripción terminará pasando factura al diseñador de tipos del mismo modo que le ha sucedido a quien cultiva tomates.

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