Por la belleza del trazo

Crónica Glíglifo 2015

El verano pasado crucé la Península con la única intención de recluirme entre glifos y ejercitarme, junto a otros como yo, en el código lingüístico secreto de los amantes de la letra. Hablo de Glíglifo, el curso de tipografía que organizan los diseñadores de tipografías, Damià Rotger y Pedro Arilla, en Sos del Rey Católico, una belleza de pueblo al noroeste de la provincia de Zaragoza donde en 1452 vino al mundo Fernando II de Aragón, llamado el Católico, (a no ser que te cruces con alguien de Sangüesa, que entonces te dirá que el rey Fernando nació en su pueblo).

Glíglifo, que este 2016 alcanza la tercera edición, tiene casi todo lo que cabe esperar de un campamento de verano: los dormitorios con literas, la convivencia que se convierte en seguida en compañerismo, la hora de la comida comunitaria: macarrones con chorizo y empanadillas con patatas fritas o las interminables charlas nocturnas. Sin embargo, en lugar de los niños que habitualmente ocupan estos albergues juveniles, el «campamento» está formado por un heterogéneo grupo de personas relacionadas la mayor parte de ellas con el diseño en sus diferentes vertientes.

Damià y Pedro, los jefes de todo esto, son capaces de enseñar sin estridencias ni florituras y mantener el necesario equilibrio entre diversión y aprendizaje. Dos tíos generosos que trasmiten su conocimiento a quien esté interesado en escucharles; y aquí, interés por la tipografía había a raudales. Fueron unos días increíbles trabajando intensamente con materiales que me apasionan y entre personas igualmente apasionadas.

El primer día comenzamos, armados con lápices y papeles, a dibujar letras. Con la técnica del doble lápiz y los nervios habituales del inicio nos dispusimos a hacer palos, a ensayar, poc a poc, los principios básicos hasta hallar el «aroma» de nuestra tipografía. Desde el primer momento quedó claro que habíamos venido a trabajar.

La amplia sala de trabajo, en la que resaltaban unos impresionantes arcos de ojiva, se trataba en realidad de una galería del renacentista Palacio Español de Niño. Nuestros profesores habían forrado las mesas con papel, provocando de este modo la proliferación de anotaciones fortuitas y generando, una vez acabado el curso, un verdadero mapa de la creatividad.

Una vez aclarado sobre el papel el camino a seguir, pasamos al ordenador. Muy pronto era ya posible ver las primeras letras formadas. Damià y Pedro, incansables, hacían un constante esfuerzo de concentración y dedicaron el tiempo suficiente a cada uno de nosotros, yendo de mesa en mesa, aconsejando y guiando con certeza el trabajo de cada uno. De repente te das cuenta de que la barrera entre profesor y alumno se ha roto y el intercambio de conocimientos resulta de lo más enriquecedor.

Conforme avanzábamos en el trabajo, resultaba más difícil apagar el ordenador. Con el ADN de la tipografía bien fijado vas atisbando el alfabeto completo: minúsculas, mayúsculas, además de diacríticos, números… Cuando compones tu primera palabra la emoción es indescriptible.

Lo que más me gusta de la tipografía tiene mucho que ver con el trabajo meticuloso y perfeccionista, con la constancia y a la vez la delicadeza que se requiere. Glíglifo se define como un «curso intensivo y pasional», y es verdad: pasión e intensidad van completamente unidas a la creación tipográfica. Hay mucha técnica, pero también hay poética, algo inconmensurable, ese «apenás él le amalaba el noema» que inventó Julio Cortázar para describir lo que tal vez sea mejor no describir; un algo más allá de las leyes ópticas, más allá de la geometría, el hecho de que una equilibrada conjunción de blancos y negros den lugar a signos gráficos que sirven para que nos comuniquemos… Crear letras. Dibujar letras. Crear un alfabeto completo que servirá para transmitir conocimientos: no es extraño que conforme más profundizas, más y más te apasiones.

Me traje de Glíglifo unos recuerdos imborrables, amigos, proyectos y colaboraciones; incluso Víctor Palau, director de Gràffica, se acercó a Sos a pasar con nosotros el fin de semana y derrochó sabiduría y buen rollo; y, por supuesto, un grupo de WhatsApp que todavía echa humo. Y también me traje a Aldonza, mi primer intento tipográfico serio: una rechoncha y geométrica sans-serif en la que seguiré trabajando hasta perfeccionarla todo lo posible, porque ese es exactamente el secreto, un secreto que en realidad no lo es: trabajo, amor a la letra y esforzarse al máximo por la belleza del trazo.

Notas al margen: Edición 2016

Acaban de abrirse las inscripciones la 3.ª edición de Glíglifo, el curso intensivo y pasional de tipografía impartido por Damià Rotger y Pedro Arilla que del 25 al 31 de julio de 2016 volverá a llenar de letras la medieval villa de Sos del Rey Católico (Zaragoza, España).

Este año se amplia el curso un día más, teniendo 4 plazas más para que se quede fuera el menor número de gente posible y además se incorporan como patrocinadores a M.I. Ayuntamiento de Sos del Rey Católico, Albergue de Juventud de Sos del Rey Católico, el blog Don Serifa, la revista Gràffica y la editorial Campgràfic por lo que las sorpresas están aseguradas.

Resumen: 7 días de tipografía en una villa medieval del Prepirineo Aragonés con todo incluido por 390 €, solo 24 plazas disponibles y hasta el 10 de junio para inscribirse (o hasta agotar plazas). Información y matrícula: glíglifo.com

Autor

Ana Moliz es diseñadora gráfica especializada en diseño editorial y fundadora de Brigada Estudio donde desarrolla su labor profesional. Está en permanente búsqueda del equilibrio, la armonía y la belleza de lo que está en su exacto lugar. Amante de la tipografía, la imprenta tradicional y el country & folk americano. Es una de las personas a la que mejor le sientan los sombreros.

Compartir post

1 comentario

Deja un comentario

Deja un comentario